Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

27 dic. 2013

Almas muertas de Facebook

Para 2050, las páginas de usuarios fallecidos en Facebook sumarán quinientos millones. Y a pesar de su muerte, las cuentas seguirán activas en las redes sociales, porque los familiares no tienen la clave de acceso a las mismas. Curiosamente, casi no hay paises donde las leyes regulen este asunto. ¿No será el momento de imponer el derecho de herencia a las cuentas de Internet?

Las personas sensatas no solo aseguran su vida o dejan un testamento, sino que van más allá, dejando expresa su voluntad postrera acerca de los archivos electrónicos que le pertenecen. Son pocos los que lo hacen, como también lo son las personas de conciencia, en general. La legislación, como de costumbre, va a la zaga de la realidad. Paradójicamente, la única opción que tienen los familiares para usar la cuenta del fallecido en una red social o proteger su nombre de una posible profanación es través de un juicio. Ya en 2004, los padres del soldado estadounidense Justin Ellworthy, muerto en Iraq, reclamaron a Yahoo el acceso a su correo electrónico. Yahoo rechazó la petición argumentando que la cuenta de Justin era propiedad de la empresa, sujeta a la ley de la confidencialidad de la correspondencia. Los padres ganaron el respectivo proceso judicial, pero el caso no hizo cambiar la legislación. Y es que se trata de un estrato enorme de la vida de muchos usuarios activos de redes sociales. Y de toda persona que tenga correo electrónico, archivos de fotos, vídeos y audios, diarios, blogs y otra información guardada en Internet. Sin hablar ya de dinero electrónico y los datos bancarios.

Conscientes de que el número de cuentas inactivas crece con la ampliación de la red de usuarios, muchas compañías privadas ofrecen el servicio de funerarias electrónicas, o simplemente archivan todos los datos del usuario en su propio servidor, de esta manera crean una copia de reserva de todas las cuentas. A su vez, el usuario indica con antelación qué se debe hacer con estos datos después de su muerte dejándolos en poder de sus personas de confianza.

 Este problema tiene dos aspectos: el legal y el moral. El analista jefe del Centro Social Regional para las Tecnologías de Internet y coordinador del Centro de Seguridad de Internet en Rusia, Urván Parféntiev, dice que la página de un usuario muerto puede ser “hackeada” con fines distintos, por ejemplo, para colgar en ella cualquier información ilegal, desde un llamado a la violencia hasta la propaganda de drogas:
–En algunos servidores de redes sociales que permiten comentarios ajenos, en la página inactiva pueden aparecer números mensajes parásitos.

El experto agrega que aventurar estimaciones para el año 2050 no tiene sentido, porque el desarrollo de Internet puede tomar formas absolutamente imprevisibles:

–No sabemos cómo van a ser las redes de comunicación e información en el futuro y si persisten en su forma actual. No sabemos cómo va a ser Internet y sus tecnologías y si se mantiene Facebook y cómo operará.

Hay que dar una solución legislativa a este problema. Los parlamentarios y el Tribunal Supremo deben reaccionar definiendo el estatus de las cuentas de Internet, tal como lo hicieron con las ventas electrónicas.

–Las normas que regulan el derecho hereditario son muy antiguas y se remontan al Derecho Romano. Nuestra legislación civil es bastante clara y precisa en este aspecto. Otra cosa que hace falta es una disposición del Tribunal Supremo para determinar el estatus legal de los activos de Internet pertenecientes a la ciudadanía. Y no hablamos del comercio electrónico, donde todo está más o menos claro. Es importante definir si un correo electrónico o una cuenta de red social son análogos de un sitio web tradicional, respecto al cual ya se están solucionando muchos temas legales. Se precisa el papel rector del Tribunal Supremo en este asunto.

Los propietarios de redes sociales permanecen inertes en este aspecto, porque el gran número de cuentas “muertas” no les molesta, sino que en cambio les permite inflar las estadísticas, hablando de mayor número de usuarios. Sin ellos, nadie puede saber si el dueño de la página está vivo o muerto. A lo mejor, necesitamos innovaciones tecnológicas capaces de verificar el carácter de gestión de tal o cual usuario en la red social, para definir si se trata de una cuenta “muerta” y, si lo es, proceder al cierre de la misma, siempre intentando contactar previamente con su propietario registrado.

Muchos sabemos lo estresante que es leer entre las noticias de una red social el “mensaje” de un amigo fallecido. Es una situación antinatural. Y los legisladores tendrán que afrontar este problema, tarde o temprano. Mientras tanto, uno debería pensar con anticipación en la seguridad de su vida virtual después de la muerte.

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