Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

4 dic. 2013

El Sufragio Universal es antidemocrático

El actual régimen del 78’, subproducto derivado del franquismo y de la transición monárquica, instauró un sistema de libertades civiles y un modelo gobierno representativo, que aunque agonizante, ya se prolonga más de tres décadas. Una característica remarcable de los gobiernos representativos, que surgen a raíz de las denominadas revoluciones liberales de finales de siglo XVIII o comienzos de siglo XIX, es que en ellos quienes gobiernan son los representantes y no el pueblo reunido en asamblea, en redes de asambleas o a través de formas de participación directa. Estos sistemas de gobierno representativo surgieron en clara oposición a la democracia esgrimiendo diferentes razones: la necesaria especialización de los políticos, el analfabetismo de la población por aquel entonces, etc. Durante su vigencia, han articulado mecanismos de auto-legitimación, control y lavado de cara: el sufragio cada cuatro años, los partidos políticos como vehículos de las variedades de voluntad popular, el control mediático y propagandístico, etc.

Bajo este sistema de control llevan décadas rallándonos en masa: diciéndonos lo que tenemos que pensar, consumir, lograr, etc. Han pautado conductas, creado prejuicios e infundido miedos irracionales a gran escala, por lo que va a costar mucho salirse de esta Matrix mental. El meme más importante y peligroso que hay que desmontar con urgencia es el de la asociación entre la elección de representantes o sufragio y la democracia. Debido a un curioso giro semántico (muy bien descrito por Pierre Rosanvallon en 1993), desde principios del siglo XIX, la palabra democracia se utilizó para designar un régimen que la despreciaba explícitamente desde su origen. Tenemos pues, que mientras que a finales de siglo XVIII un gobierno organizado a través de la elección, era considerado algo radicalmente diferente a la democracia, en la actualidad es aceptado como una forma de ella. Así, llamar democracia a su estricto contrario nos encierra en una trampa intelectual que nos impide formular una alternativa seria. Como dice  Etienne Chouard, no logramos designar al enemigo porque éste ha tomado el nombre del amigo.

Lo primero que debemos realizar es una distinción entre un gobierno representativo y una democracia. Bernard Manin, caracteriza los gobiernos representativos como aquellos en los que:

a-      Los gobernantes son elegidos por sufragio(universal, censitario, etc) a intervalos regulares
b-      Los gobernantes conservan en sus iniciativas un margen de independencia en relación a los gobernados (tienen el consentimiento)
c-      Las opiniones públicas sobre política pueden expresarse fuera del control de los gobernados (lo que los diferencia de las dictaduras)
d-     Las decisiones colectivas las toman los gobernantes al término de sus negociaciones y discusiones

Por el contrario, la idea de democracia, en origen, hace referencia al poder (Kratos) del pueblo(Demos). Por tanto, sólo se puede hablar de democracia si verdaderamente existe igualdad política. Podemos pensar en modelos sociales igualitarios en más aspectos: igualdad física, económica, social, mental, etc. Pero si hablamos de democracia lo que subyace es la igualdad política. Por tanto, aunque los sistemas de gobierno representativos actuales, garanticen algunas libertades civiles y le den el poder de gobierno a unos pocos representantes, estos modelos no deben confundirse con la democracia. De hecho, no pueden pasar de ser considerados regímenes oligárquicos pues en estos, gobierna una minoría de representantes (Oligos (pocos) y Arkhia (gobierno)). Esto es clave, no vivimos en democracia porque el poder político está concentrado en manos de unos pocos: los representantes electos al servicio de los banqueros y corporaciones, que al financiar campañas e influir en la legislación, incapacitan a los primeros para representar fielmente la voluntad popular. Para ser precisos, ningún sistema que se base exclusivamente en la representación del pueblo puede llamarse democracia. Más aún, si uno es estricto conceptualmente, la acepción democracia representativa no es más que un oxímoron.

Puesto que los gobernantes organizados en mafias institucionalizadas (partidos) servilmente articulan sus políticas para favorecer a los ricos, la acepción más precisa para el sistema de gobierno representativo actual, es el de oligarquía plutocrática.  Éste sistema se caracteriza por que alrededor del poder estatal se forma un holding empresarial o fáctico que, tras financiar partidos y medios de comunicación, obliga a realizar un clientelismo político a través de legislaciones favoritistas. No creo que haga falta recordar como la banca de inversión (i.e, Goldman Sachs, Morgan, Rockefeller, Rothschild) y otros conglomerados financieros han domado todos los parlamentos del mundo a través de las primas de riesgo, forzado legislaciones de socialización de las pérdidas de sus apuestas erróneas en derivados, inmuebles, etc.


En este  modelo social, la banca y las grandes empresas están en el centro del sistema político, financian de forma irregular a los partidos y  compran los medios de comunicación para influir en la mente de las personas, que luego a través de la elección refrendan en las elecciones a los suplantadores de la voluntad popular.  La elección aparece como el mecanismo-farsa que legitima todo el tinglado de control social. Por tanto, el primer problema que tenemos que afrontar para derrumbar este modelo es el mecanismo de legitimación. Lo que me interesa es destacar que desde un punto de vista teórico, la elección tiene graves problemas estructurales que la contraponen a la idea de democracia entendida como el aquel sistema que garantiza la igualdad política real.

Primero, la elección es un mecanismo aristocrático por definición: se elige al mejor (=aristos). Así, los sistemas de gobierno basados en la elección de representantes al supuestamente seleccionar al “mejor” preparado para representar, fomentan el abandono político. Conllevan una renuncia, un gesto de confianza antes de consentir a obedecer durante varios años; es una organización política que sólo deja a los hombres el derecho de elegir unos amos. Esto contrasta con el ideal democrático de una ciudadanía realista, activa y despierta, en la que el sistema político se estructure sobre la desconfianza y el control permanente. Porque siendo realistas, hay que asumir que el poder cambia y tiende a corromper a las personas.

Segundo, la elección es la CAUSA de la concentración del poder político y de la sincronización del poder político y económico (alguien se imagina una sociedad avanzada planificando a 4 años vista?) pues permite generalizar al mundo político la servidumbre por deudas establecida por los prestamistas. Esto se debe que para ser elegido se necesita ser conocido y para ser conocido se necesitan recursos. Por definición, y esto pasa en todas partes de la misma manera, el rico tiene los medios para ayudar a un candidato a ser elegido, incluso si ese candidato es nocivo para el interés general. El económicamente rico puede hacerse indispensable para que otro devenga políticamente rico (elegido) y, por tanto, para exigir a continuación una política pública conforme a sus intereses privados. Esto hace que inevitablemente el poder económico se sincronice con el político. Es importante recordar esto, la elección es el eslabón débil de la colonización de la política por parte de la economía. A nivel de partidos políticos y en lo que se refiere a la formación de oligarquías y cúpulas internas sucede lo mismo, pues la elección retroalimenta y posibilita el mamoneo: Si te ayudo a que seas elegido me deberás dar algo a cambio más tarde. Esta dinámica interna típica de los partidos es uno de los motivos clave detrás del gran desprecio que siente la ciudadanía hacia la clase política.

Tercero, la elección tiene un sesgo de maldad inherente porque tiende a dar poder a quienes ya buscan poder y ansias de notoriedad, y estos suelen ser los más faltos de escrúpulos y los más insistentes. Los honestos y justos se quedan fuera porque suelen ser más reacios y desinteresados, lo que les hace desistir antes. Así encontramos que la elección imposibilita la formación de un gobierno ideal, en el que en el poder estaría localizado precisamente en personas desinteresadas que no quieren gobernar (un gobierno así nos aseguraría honestidad y que el trabajo estuviese basado en la vocación para servir a la comunidad).
Cuarto, al restringir la población que influye directamente en el legislativo a unos pocos (pues actúa a modo de embudo)  minimiza la diversidad de estilos cognitivos implicados en la producción legislativa, lo que reduce la inteligencia colectiva y redunda en importantes ineficiencias en el resultado final. En las simulaciones más avanzadas de comunidades artificiales con capacidad legislativa (basadas en ABM), lo que se observa es que la falta de diversidad cognitiva reduce la calidad legislativa (ver los trabajos de Scott Page o Pluchino). La explicación o intuición matemática es trivial. Matemáticamente, un sistema de gobierno representativo ideal es aquel que es capaz de minimizar la distancia entre las preferencias por determinadas políticas del pueblo y las propuestas aprobadas por sus representantes. Para ello necesitarías una muestra aleatoria de la población. Pero cualquier sistema de representantes electos situados en un plano de coordenadas (x,y) en el que x = interés particular e y = interés social (a lo Diagrama de Cipolla), si estos se organizan en partidos, suele acumular a los representantes en zonas concretas del plano (generalmente en torno a un radio de tolerancia al disenso más o menos grande) de forma no aleatoria. Pero no sólo eso, puesto que racionalmente los representantes electos pertenecientes a partidos no están motivados a proponer leyes que les perjudiquen como estructura, tienden a anteponen el interés general al interés propio generando una secuencia de propuestas que no capta fielmente las preferencias de la sociedad, lo que la hace ineficiente.

Conclusión:

El sufragio universal, es un MITO absolutamente intocable, mientras que de hecho es un mecanismo aristocrático y corruptible que hace posible e incluso durable la impotencia política de la mayoría, siempre y en todas partes. Tiene la mala propiedad de concentrar el poder en manos de unos pocos, que tenderán a estar guiados por intereses particulares. Además, la evidencia experimental y computacional muestra que es un sistema que tiende  disminuir la eficiencia legislativa. El talón de Aquiles de los ricos está al alcance de los pobres, pero a condición de que los pobres dejen de estar tan orgullosos, creyendo estúpidamente (y a despecho de todos los hechos que lo contradicen) que la elección tiene algo que ver con la democracia.
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Nota:
Habría que distinguir sufragio universal tal y como se ha venido aplicando hasta la fecha a la democracia líquida o al voz y voto permanente que proporcionaría un ágora virtual en condiciones. En los últimos 200 años se ha aplicado a la selección de representantes  pero la matización del término es importante. La definición de sufragio universal a priori puede abarcar a representantes y otras cuestiones. Por lo que el título del artículo debe interpretarse en un sentido reducido.



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