Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

11 dic. 2013

Ucrania: Lo que no cuentan (2)

Una vez que las servicios de seguridad de Ucrania y los Bérkut sintieron que no serían traicionados de nuevo, a los “vándalos europeos” no les quedó ninguna oportunidad de ganar. El “Euromaidán” murió. Las barricadas están desmanteladas, el Gobierno trabaja en régimen normal y las estructuras del poder se preparan para restablecer el control sobre los edificios ocupados por los partidarios extremistas de la Unión Europea. Lo que pasó en Kiev demuestra que el éxito de la “revolución de colores” es imposible sin la traición interna de la élite gobernante. Es demostrativo que los líderes de los golpistas no pudieron ser ayudados por sus mecenas occidentales. A pesar de las declaraciones del vicepresidente de EEUU, Joe Biden; de la representante oficial del Departamento de Estado de EEUU, Victoria Nuland y la alta representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Catherine Ashton, que exigieron a Yanukóvich que no usara la fuerza y se sentara en la mesa de negociaciones, las barricadas fueron desmanteladas, se realizaron registros en las oficinas del opositor partido Batkivshina (Patria) y se hizo una “limpieza” de los extremistas. De las declaraciones oficiales de Kiev se puede sacar la conclusión de que Yanukóvich está listo para las negociaciones, pero solo bajo sus condiciones. En el contexto actual, no se puede hablar de capitulación.

El fracaso del golpe de Estado tendrá consecuencias de largo alcance. Está claro que la lucha por Ucrania está lejos de su fin, pero los planes de Occidente para convertir a Ucrania en un cordon sanitaire contra Rusia han recibido un golpe muy serio. La principal consecuencia del fracaso es la desilusión de la “infantería política” que trabaja para los integradores europeos. Los políticos de segundo nivel de los partidos UDAR (Golpe) y Batkivschina (Patria) discuten activamente las condiciones para la capitulación ante los “regionistas” (miembros del gobernante Partido de las Regiones) de Yanukóvich, utilizando al conocido diputado Lukianov en calidad de mediador en las negociaciones. La lógica de los desertores es muy simple, nadie va a romper una lanza a favor de ellos en el proceso de futuras purgas del campo político y durante el “Euromaidán”, cada uno de ellos hizo suficientes méritos para que le priven de la inmunidad parlamentaria.

Los “eurointegradores” están decepcionados del poderío de sus protectores occidentales y las consecuencias de este trauma psicológico serán muy difíciles de superar. La élite intelectual, liberal y prooccidental de la ciudad de Kiev tuvo la posibilidad de conocer de cerca a sus “occidentales” radicales de la provincia y este conocimiento también le trajo la desilusión. En lugar de unos “verdaderos europeos”, en el centro de Kiev se encontraron con unos “eurolumpen” que convirtieron barrios enteros de la capital ucraniana en una mezcla de basura con baños públicos. El saqueo a los mercados junto con el derribo del monumento de Lenin no añadió ninguna simpatía por parte de los habitantes de Kiev hacia los “rebeldes europeos”.

El siguiente intento de golpe de Estado está planificado realizarlo durante las próximas elecciones presidenciales, sin embargo, las posibilidades para su éxito han disminuido fuertemente. Los políticos ucranianos, con la excepción de los tres principales líderes de la oposición, ya no creen en los superpoderes de Occidente. Los radicales y los rebeldes nacionalistas se desilusionaron con los líderes de esta revuelta. La parte más cuerda de la clase media ucraniana se separó, llena de horror, de los vándalos que formaban la principal fuerza motora de los “europeos en el Maidán”. Mezclar todos estos grupos en uno solo y hacer que vuelvan a creer en ellos, es una tarea muy compleja, la cual sería imposible de cumplir si Yanukóvich sigue apoyando las actividades del Servicio de Seguridad de Ucrania que ya comenzó a detectar y sacar del país a los coordinadores extranjeros de los rebeldes.

Desde el punto de vista de los intereses de Rusia, el principal resultado de la derrota del golpe de Estado ucraniano es el reconocimiento de Occidente de que el “tema ucraniano” es imposible de resolver sin tener en cuenta los intereses de Moscú. Precisamente es por lo que hay que entender la declaración del Departamento de Estado de EEUU en la cual Washington solicita a Moscú “normalizar pacíficamente la situación en Ucrania”. La UNIAN (agencia de noticias ucraniana) cita a George Friedman, director de la compañía de análisis Stratfor, más conocida como la “CIA civil”, el cual se permitió una definición más transparente: 

“Ahora Rusia tiene la oportunidad de recomponer sus relaciones con la periferia de la antigua URSS sin la intromisión norteamericana y con la misma fuerza que tenía antes. Yo pienso que la visión norteamericana es que hay que conformarse con el hecho de que no se puede detener a Rusia, los riesgos costarían caro y los medios pocos”.

Evidentemente, el fracaso del “Euromaidán” es al mismo tiempo el inicio de un largo y laborioso proceso de redefinición geopolítica de la Europa del Este.

Linas Linkiavicius, ministro de Exteriores de Lituania, país que preside la UE, instó a las autoridades ucranianas a cesar de inmediato la violencia. Las fuerzas contra los manifestantes han erosionado la confianza en Kiev, agregó. En tanto, la firmeza de la oposición es respaldada por políticos occidentales de coturno: en la víspera la titular de la diplomacia europea, Catherine Ashton y la subsecretaria de Estado norteamericana, Victoria Nuland, llegaron a Ucrania.

Las unidades especiales ucranianas comenzaron a despejar por la noche las barricadas en el centro. En un comienzo retiraron las vallas instaladas junto al Ayuntamiento de Kiev, a continuación irrumpieron a través de los escudos en la parte de la plaza Europea. Sin embargo, el acceso hasta la Casa de los Sindicatos, donde está el comando de los manifestantes, continúa bloqueado por destacamentos de autodefensa de los opositores. El Ministerio del Interior de Ucrania informaba de que la milicia no recurre a medios especiales algunos. El objetivo principal no es el de dispersar el mitin, sino despejar las calles centrales, a fin de restablecer el transporte público en la ciudad. Pero, incluso estas medidas son suficientes para irritar a Occidente, que respalda abiertamente la oposición ucraniana, señalaba Vladímir Kornilov, director del Centro de Investigaciones Euroasiáticas en Ucrania:

"Portavoces de Occidente afirman sin ambages que están interesados en la continuación de las denominadas acciones pacíficas de protesta. Y se reúnen tanto con las autoridades como con la oposición. Victoria Nuland señaló que, por ahora, no hay motivos para aplicar sanciones con respecto a Yanukóvich. Pienso que los oposicionistas “enmendarán” esa situación. En Kiev se encuentran actualmente representantes de organismos diplomáticos de Occidente. Es cierto que aplicar medidas coactivas en su presencia significaría coronar a la oposición. Aunque será suficiente con lo que pasó anoche, cuando la milicia expulsó a los manifestantes de los territorios ilegalmente ocupados sin emplear la violencia."

Llegaron a Kiev la titular de la diplomacia europea, Catherine Ashton, y la subsecretaria de Estado norteamericana, Victoria Nuland. Ellas se reunieron ya con las autoridades del país y con la oposición y dieron a entender de qué lado están. El objetivo de esta visita es el de obligar a Ucrania a firmar el acuerdo con las condiciones de la UE. El que hayan viajado a Kiev revela que Occidente no trata ahora ya ni de ocultar su intromisión descarada en ese proceso. Pero lo más curioso es la visita de Nuland. EEUU se había empeñado en mantenerse a la sombra de los sucesos que ocurrían. La situación ha entrado ahora en una fase crítica: Polonia y la burocracia de Bruselas no respondieron a la confianza depositada en ellos. El promotor verdadero tuvo que mostrar la cara. No funcionó tras el anonimato y Victoria Nuland tuvo que revelar abiertamente los intereses de EEUU.

Acompañada por el embajador de EE.UU. en Ucrania, Geoffrey Pyatt, Nuland llegó a la plaza, también conocida como Maidán, con una bolsa de galletas y pan y fue recibida por los partidarios de la integración europea con aplausos y gritos 'God bless you' ('que Dios la bendiga').

Nuland también ofreció comida a los agentes de seguridad que patrullaban la plaza de la capital ucraniana, que recibieron las 'golosinas' con agradecimiento.


Mientras la autoridad en Kiev mantiene una postura irresoluta, los representantes de Occidente emplean las tecnologías de las revoluciones que han sido más de una vez ensayadas en otros países. Serguéi Helemendik, politólogo de Bratislava, exdiputado del Consejo Nacional eslovaco y de la PACE considera que están obligando a Víktor Yanukóvich a que capitule:

” Debido a que la situación entraña no solo la división del país, sino también consecuencias geopolíticas profundas, la responsabilidad de estas va a recaer en los políticos occidentales que, en los hechos, extinguen con gasolina el fuego que ha estallado en Ucrania.”

La oposición, en tanto, azuzada por las fuerzas occidentales continúa defendiendo los espacios ilegalmente ocupados. La oposición sigue negándose a abandonar el Ayuntamiento de Kiev; desde las ventanas del edificio se distinguen las banderas de Ucrania y de Kiev, desde donde también los ocupantes rocían con mangueras los autobuses de la policía que bloquean la entrada al lugar.


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