Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

15 ago. 2014

¿Quién es el nuevo primer ministro iraquí Haider al Abadi?

El nombre de Haider al Abadi no había circulado ampliamente en los medios iraquíes hasta ahora. Este hombre ha preferido siempre mantenerse alejado de los focos. Los que le conocen le describen como “modesto”, “práctico” y no narcisista.

Después de varias semanas de debates y diálogo, Abadi fue nominado como nuevo primer ministro de Iraq. Su nombre fue sugerido por el ex primer ministro Ibrahim al Yaafari, jefe del bloque político Coalición Nacional, formado por varios partidos shiíes.

Abadi es vicepresidente del Parlamento y miembro de la coalición Estado de Derecho, cuyo principal componente es el Partido del Dawa Islámico, liderado por el ex primer ministro Nuri al Maliki. Él fue nominado después de que dicha coalición insistiera en que el proceso de nominación debía reflejar el hecho de que ella ganó las pasadas elecciones legislativas del 30 de abril.

En su primera declaración, Abadi pidió a los iraquíes que se unan contra el terrorismo del grupo takfiri Estado Islámico.

“Unidos contra la bárbara campaña llevada a cabo por los militantes del Estado Islámico”, escribió Abadi en su página de Facebook pocas horas después de su nominación. Abadi dijo que “la situación de la seguridad en Bagdad es muy estable. Las milicias armadas se mueven para proporcionar una seguridad adicional a la capital”.

Nacido en el distrito de Karada, al este de Bagdad, en 1952, Abadi estudió ingeniería eléctrica en la Universidad Tecnológica de la capital iraquí y obtuvo una licenciatura en 1975. En 1980, completó un doctorado en electrónica e ingeniería eléctrica en la Universidad de Manchester, en el Reino Unido.

Él se convirtió en un prominente miembro de la oposición al régimen de Saddam Hussein fuera de Iraq y participó en las actividades de la oposición y congresos del partido Dawa Islámico.

En 1983, su pasaporte fue revocado siguiendo una orden de los servicios de seguridad de Saddam.

Él se convirtió en portavoz del partido del Dawa Islámico en el Reino Unido y otros países y se dirigió a los medios internacionales para denunciar al régimen de Saddam.

Abadi es un antiguo compañero del ex primer ministro Nuri al Maliki en el Dawa Islámico. En 2003, él surgió como uno de los líderes más prominentes del partido.

Abadi mantiene relaciones cordiales con muchos partidos políticos de Iraq, incluyendo el Alto Consejo Islámico, encabezado por el clérigo shií Ammar al Hakim, y el Movimiento Sadrista, liderado por Muqtada al Sadr. Este último contactó con él después de su nominación y le invitó a “coordinarse” juntos.

En este sentido, la nominación de Abadi servirá para reparar las relaciones de la coalición Estado de Derecho con otras fuerzas políticas, que se vieron sacudidas por las disputas sobre el tercer término de Maliki.

Muchos analistas políticos que conocen a Abadi creen que existirá una continuidad política entre su gestión y la de Maliki porque ambos son hombres dedicados a su partido y que comparten la ideología y una posición común en muchos temas. Para estos analistas, la nominación de Abadi fue una respuesta a los muchos llamamientos de cambio, incluyendo de líderes religiosos como el Gran Ayatolá Ali al Sistani, que aconsejaron a los políticos no permanecer atados a sus puestos.

Abadi está también comprometido con el fortalecimiento de relaciones con el vecino Irán, que ha apoyado públicamente su nominación. Él mantiene una postura similar a la de los iraníes en muchos temas con respecto a Iraq y otros países de la región y ha abogado públicamente por vínculos más estrechos entre los dos países.

Fuentes próximas a Abadi señalan que él odia el “estrellato”, pero sabe como enfrascarse en largas y elaboradas negociaciones y discusiones políticas y es favorable a una política de consenso.

Sin embargo, ellos afirman que él carece de la firmeza de Maliki y esto podría convertirle en un primer ministro más débil y sometido a los deseos de las fuerzas políticas. Esto podría, a su vez, ralentizar el ritmo de la lucha contra el terrorismo.
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