Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

22 ene. 2015

El "extraño" caso de Alberto Nisman: el hombre de paja.

"¿Qué fue lo que llevo a una persona a tomar la terrible decisión de quitarse la vida?", escribió la mandataria como parte de un extenso texto sobre el tema publicado en su cuenta de Facebook la noche de este lunes, pero más esclarecedor es el artículo publicado en su página web hoy titulado AMIA y la denuncia del Fiscal Nisman.

El caso es que la presidenta argentina intenta desde hace un año retomar el control de los servicios de inteligencia argentinos. En esta óptica, un hombre de la CIA, Jaime Stiusso, fue privado de sus funciones la pasada semana.¿Por qué ahora? Una catástrofe para todos aquellos que obedecían sus órdenes.

El fiscal general, Alberto Nisman, a cargo del dossier AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) desde hace años, sabía que iba a tener que rendir cuentas y que ya no tenía un protector, al igual que sucedió con el juez Galeano, corrupto y corruptor, que actuó por cuenta de Israel y que ha sido duramente sancionado.

Nisman tuvo también que pasar malos momentos debido a sus mentiras dirigidas a mantener, a pesar de todas las evidencias, la tesis oficial israelí acerca de la responsabilidad de varios dirigentes iraníes. Todas sus alegaciones han quedado ahora desenmascaradas. De este modo, él escogió darse muerte el 19 de enero de 2015.

He aquí en orden cronológico las prevaricaciones cometidas por el fiscal Nisman. En tanto que como fiscal, su actuación es única en la historia judicial argentina. Él no tenía ningún otro dossier sobre su mesa más que el de la AMIA, disfrutaba de un enorme salario y tenía bajo sus órdenes a un extenso equipo.

1) En 2002, él se fue a Nueva York a interrogar a los dos hermanos de Hussein Berro, el supuesto kamikaze que se habría hecho explotar, según Nisman, con un coche bomba en el edificio del centro comunitario judío AMIA en Buenos Aires el 18 de Julio de1994.

El nombre de Berro le había sido suministrado por el Mossad en 1996. Sus dos hermanos, sin embargo, desmintieron dicha acusación. Uno de ellos había estado con su hermano al año siguiente del atentado de Buenos Aires en el Líbano. Se trataba además de un descapacitado que no podía conducir y murió posteriormente por un disparo de las fuerzas israelíes en el Líbano, que confiscaron posteriormente sus restos. Nisman regresa a Buenos Aires y efectúa declaraciones mentirosas y contrarias a lo que había oído. Los dos hermanos le desmienten públicamente en la prensa.

2) En 2006, Alberto Nisman asume las acusaciones del Mossad contra Irán y hace responsable del atentado de la AMIA al Líder Supremo de Irán en persona a través de declaraciones públicas e invocando pruebas que nunca presentó.

3) En 2007, Nisman obliga a Interpol a colocar en la lista negra a varios diplomáticos iraníes que habían sido exonerados tras el arresto en Londres del encargado de negocios iraní Soleiman-Pour. Éste fue liberado por la justicia británica, que rehusó extraditarlo a Argentina a causa de la inexistencia de pruebas contra él, a pesar de un dossier proporcionado por el ya mencionado Jaime Stiusso.

4) En 2009, Nisman acusó al ex presidente Carlos Menem de haber preparado él mismo el atentado contra la AMIA por intermedio de un argentino de origen sirio, Canore Edul, originario de Buenos Aires. Éste último fue totalmente exonerado de tales cargos por la Justicia argentina.

5) En 2013, él anunció el “descubrimiento” de una “red terrorista iraní” en la frontera del Paraguay (la Triple Frontera). Este anunció recibió una extensa cobertura de los medios, en particular en la prensa israelí. Sin embargo, ni siquiera la CIA se tomó la cosa en serio y el tema de dicha “red” cayó en el olvido.

Justo antes de su suicidio, Nisman acusó a la presidenta argentina de colusión con Irán para acabar con la investigación sobre el atentado contra la AMIA a cambio de ventajas comerciales para Argentina. Él tenía que hacer frente a una sesión en la Cámara de los Diputados para responder de aquella acusación infame tres horas después de que se disparara un tiro en la cabeza.

En cada una de sus iniciativas, Nisman fue la marioneta de Israel, que hizo todo lo posible para impedir que el acuerdo  entre Irán y Argentina para colaborar en la investigación del caso diera resultados. Para ello, promovió la creación de obstáculos de tipo jurídico a través de los abogados de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas).

Las acciones de Nisman y su círculo habrían podido convenir a la oposición argentina, decidida a expulsar del poder a la presidenta, a pesar de sus esfuerzos notables y tenaces para volver a dar consistencia a la soberanía nacional (en particular con las leyes sobre la prensa, el control de cambios, la resistencia a los fondos buitre y la toma del control de la policía y la inteligencia).

El farol de Nisman no podía durar. Él no tenía absolutamente nada que ofrecer para respaldar ninguna de sus iniciativas. Ni siquiera podía ser útil a la oposición, sino más bien al contrario. Y una acción judicial acababa de ser emprendida contra él por el abogado de la familia Canore Edul, Juan Gabriel Labaké. El pánico del fiscal Nisman pudo haberse agravado por el hecho de que la línea de Obama es favorable al fin de las sanciones contra Irán y, por tanto, a la actitud de la presidenta argentina para liberar definitivamente a Irán de las sospechas de haber ordenado el ataque contra la AMIA.

Nisman sabía que iba a ser condenado en breve plazo a la cárcel y la ignominia. Todos sus patrocinadores le habían abandonado después de haberlo utilizado y le consideraban responsable de los fracasos para imponer la tesis de la responsabilidad iraní en el ataque. Y la presidenta estaba también dispuesta a defenderse con uñas y dientes.

Aunque, como siempre ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Burlando su consentimiento para realizar las escuchas telefónicas con agentes del Servicio de Inteligencia, el juez Canicoba objetó las “irregularidades” de la investigación efectuada por el fiscal, violando la formalidad de consultarlo en tanto como juez de la causa y arrogándose facultades “por fuera del procedimiento”, “dudosas desde el punto de vista de la legalidad”. Al respecto remató que “la dirección de la investigación la tenía el fiscal, coadyuvaban en la investigación, entre otros, la Secretaría de Inteligencia.. Me parece que los conducidos resultan ser los conductores y el que debía haber conducido resultó ser conducido… me parece que sucedió algo que es que terminó Stiusso conduciendo la investigación y no al revés”.

Palabras más palabras menos, Canicoba reprodujo las declaraciones de Aníbal Fernández, acusando a Nisman de obrar bajo la conducción de Antonio “Jaime” Stiusso, hace poco tiempo expulsado de la “Casa” junto a Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher.

En verdad, las apreciaciones del juez y de Fernández son harto reveladoras del curso que siguió la “investigación” de la causa durante todos los sucesivos gobiernos kirchneristas y el rol directriz del Servicio de Inteligencia. Fue el mismo Néstor Kirchner quien soldó la relación entre Nisman, si bien fue designado titular de la Unidad Fiscal de Investigación en 2004, y Stiusso, quien manejaba en realidad todos los hilos del Servicio de Inteligencia, a partir de la experiencia adquirida con agentes de la Triple A y la dictadura genocida (su ingreso que data de 1972) y su relación con los servicios de inteligencia norteamericanos e israelíes.

Fue Stiusso quien desvió la atención sobre la “conexión local”, cuando la entonces SIDE a cargo de Hugo Anzorreguy fue parte del encubrimiento del atentado junto a Carlos Menem, Carlos Corach y el dirigente de la DAIA Rubén Beraja, los que permanecen impunes. Fue Stiusso el que proporcionó las “pruebas” aportadas por el FBI, la CIA y el Mossad que en 2006 Nisman transcribió en un dictamen de más de 1000 páginas, denunciado una y mil veces por el periodista Horacio Verbitsky y organismos de derechos humanos oficialistas. Fue Stiusso quien proporcionó esas y otras tantas falsedades a Néstor Kirchner para justificar la sanción exprés de la Ley Antiterrorista y llevar al seno de la ONU una batería de denuncias contra Irán, acorde a las necesidades de EE.UU. y su gendarme, el Estado de Israel, en su cruzada “antiterrorista” contra los pueblos árabes de Oriente Medio, tras el empantanamiento de las guerras de Irak y Afganistán. Y fue también Stiusso quien sugirió a Nisman y a los Kirchner que pasaran de ocho órdenes de captura a cinco, pues entre los tres “apartados” figuraban el ex presidente Alí Akbar Rafsanjani que es un aliado de EE.UU., Haadi Soleimanpour que fue detenido por Interpol y liberado por los tribunales de Londres por no hallar pruebas, debiendo ser encima indemnizado.

Nisman acompañó como la sombra al cuerpo a Néstor y Cristina, por eso se subordinó a sus designios de seguir la línea gruesa trazada por Stiusso, dejando atrás su vida como un humilde abogado del partido de Morón para pasar a las mieles de Puerto Madero, si bien ya en sus años sin canas se proyectaba en ese sentido, bajo el ala del ex juez Juan José Galeano, destituido por sobornar al vendedor de autos robados Carlos Telleldín a cambio de un falso testimonio en la causa AMIA. Gracias a los oficios de Néstor, su ex esposa Sandra Arroyo Salgado fue designada titular del Juzgado Federal de San Isidro.


La misma Cristina sugirió a Nisman para encabezar la Procuración General, cuando comenzaron los primeros escarceos para desplazar a Esteban Righi. Esta relación se quebró cuando el gobierno de Cristina giró el timón 180º y acordó el memorando de entendimiento con Irán, ratificado con la reciente expulsión de Stiusso que ya trabajaba para la oposición. De lo que no hay dudas es que el tándem Nisman Stiusso es un logro de los Kirchner.
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