Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

25 oct. 2013

Hungría planta cara a la Unión Europea.


Por primera vez en la historia contemporánea de Hungría, con motivo de la celebración del Día de la Independencia, se convocaron acciones masivas de protesta contra la política de la Unión Europea y el predominio del capital extranjero en el país.

Dada la gran popularidad del primer ministro Víctor Orbán, y sus indudables progresos económicos, la tensión entre Budapest y Bruselas irá en aumento y arrastrará a otros Estados de Europa Central y del Este.

En la primavera de 2014, en Hungría se celebrarán las elecciones al Parlamento, y la oposición centroizquierda no ha perdido tiempo para imputar a Orbán y a sus partidarios de intentar aprovechar esta fecha histórica para fines electorales.

Lo cierto es que, en parte, estas acusaciones son fundamentadas. En la conciencia de los pueblos de Europa Central y del Este el controvertido pasado histórico y el turbulento presente están entretejidos hasta tal punto que cualquier fecha más o menos significante se aprovecha con fines políticos o nacionalistas. Y en la historia de la misma Hungría tales fechas abundan. Valgan como ejemplo el surgimiento del reinado de San Esteban I que incorporó los territorios de la moderna Eslovaquia, Croacia y Transilvania; la fatal derrota sufrida en la batalla de Mohács a manos del ejército otomano en 1526; la Primera Guerra Mundial, a raíz de la cual el país (a la sazón parte integrante de la monarquía de los Habsburgo) perdió dos tercios de su territorio y la población y, por último, la Revolución de 1956 aplastada por tropas soviéticas.

Ello, no obstante, en honor a la verdad cabe señalar que Víctor Orbán no es tan propenso a la matización política de los hechos históricos como otros políticos húngaros de primera línea.

Su trayectoria política había comenzado en el filo de los años ochenta y noventa del siglo pasado con una aguda crítica de la URSS y la promoción de una vía independiente de desarrollo para Hungría.

Por aquellos años, nadie en Hungría criticaba a Bruselas, puesto que Budapest ansiaba incorporarse cuanto antes a la UE y a la OTAN. Simplemente, no había nada que criticar. La UE solo emergía en Maastricht, no había ningún euro, mientras que el principal mérito de la integración europea era la posibilidad de viajar sin visado por Europa. El ingreso de Hungría a la UE en 2004 (manteniéndose el curso legal del forinto) fue un éxito lógico de los anteriores gobiernos húngaros que funcionaron durante quince años de transición.

Pero tan solo al cabo de una par de años la euforia en Hungría, así como en los países vecinos, se esfumó, viéndose reemplazada por un brote de ánimos nacionalistas. Se hizo evidente que la UE, lejos de resultar incapaz de impulsar el desarrollo económico y social, privó a los pueblos de la Europa del Este de los logros socialistas: plantas industriales, tradiciones de la producción agropecuaria, mercados de venta habituales. A los húngaros, polacos, checos, eslovacos (a partir de 2007, también a los búlgaros y a los rumanos) les obligaron a renunciar a sus intereses económicos, a la independencia en el comercio y la política exterior, a las tradiciones socioculturales. A partir de 2009, la UE añadió a ello las demandas de adoptar medidas de ajuste bien para rescatar a Grecia, bien para reconfortar a los alemanes o bien para tranquilizar a los euroburócratas de Bruselas.

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