Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

18 mar. 2014

UE, de la pérdida de la soberanía a la desaparición total

La Unión Europea avanza, cada vez más veloz, hacia su transformación a un Estado federativo en el que los países miembros perderían lo que les queda de soberanía política y económica.

La crisis económica y la voluntad política de Bruselas inducen a los países de la UE al proyecto pomposamente denominado “EEUU de Europa” y, estaría claro ya que, los entusiastas promotores de la federalización de Europa extrajeron las lecciones indispensables de la URSS y de EEUU.

Bruselas, con el objeto de privar a los países europeos incluso de la posibilidad teórica de abandonar la nueva estructura centralizada, destruye su soberanía estatal no solo “desde arriba”, a través del recrudecimiento de la disciplina fiscal y la entrega de la política económica a manos de la Comisión Europea, sino que también “desde abajo”, a través de la “regionalización” que priva a los países europeos de la posibilidad de influir en la política de las autoridades locales (acuerdense de cómo es señor Zapatero tubo que hacer una reforma de la Constitución, en vacaciones claro, para que las entidades locales no pudieran endeudarse y pagar lo que deben). La UE, con la máscara del desarrollo de la autogestión local, destruye la administración central de los países europeos. Pareciera que podría impedir a la región recuperar el poder para la capital, de presentarse tal necesidad. Pero no, los dirigentes europeos tomaron en cuenta esa posibilidad y, para la destrucción total de los Estados pusieron en marcha el programa de creación de las “euroregiones”.

A diferencia de las provincias corrientes, de los condados o regiones, las euroregiones están estructuras formadas por pedazos de distintos países y contarán con programas separados de desarrollo y con un grado considerable de autonomía de los gobiernos nacionales.

Entre los políticos europeos escasean los que tienen el coraje suficiente y el deseo de enfrentar la demolición fáctica de la soberanía de los Estados europeos. En Francia, Marine Le Pen pugna por la conservación de la soberanía y de la identidad nacional. En Gran Bretaña, no solo el opositor Partido de la Independencia del Reino Unido, sino que también miembros del Gobierno comenzaron a pronunciarse contra los planes de la UE. Eric Pickles, secretario de Estado de autogestión local, acusaba a la UE del intento “de borrar a Inglaterra del mapa” y, prometía oponerse por todos los medios a los dictámenes de Bruselas.

De entre los países de Europa del Este, solo Hungría trata de oponerse al proceso de exterminio de la soberanía y de disolución de la identidad nacional. A pesar de que la UE muestra periódicamente a Hungría la “zanahoria”, en forma de perspectivas teóricas de creación de comunidades autónomas húngaras en los países vecinos, Budapest no se apresura a respaldar esta iniciativa. Es posible que los políticos húngaros no sean a tal grado ingenuos como para considerar que Bruselas esté esperando la ocasión para abolir el Tratado de Trianon, de 1920 y, restablecer la “Gran Hungría”, sino que entienden que la atomización del país en pequeñas regiones no hace más que favorecer al poder central europeo.

Después de la firma del Tratado de Trianon, Hungría perdió dos tercios de su territorio y la tercera parte de la población, pero se mantuvo como Estado. Ahora bien, de materializarse los planes de los “federalistas europeos”, Hungría, al igual que otros Estados europeos dejarán de existir como sujetos del derecho internacional. Es posible que tal perspectiva justamente induzca al primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, a renunciar a la colaboración con el FMI, a tolerar las sanciones económicas de Bruselas y a buscar aliados geopolíticos fuera de la UE.


Angela Merkel declaró, en noviembre del año pasado que “la Comisión Europea será un día el Gobierno y el Parlamento Europeo el legislativo”. El día de esa metamorfosis se acerca cada vez más y la UE ha comenzado a parecerse ya a una trampa de ratones para los países que se dejen tentar con las promesas de la prosperidad europea. Próximamente sabremos qué países podrán salvarse y cuáles van a desaparecer para siempre del mapamundi, para confundirse en la masa del Estado europeo común.



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