Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

14 mar. 2014

¿Es Alemania el modelo a seguir?

Alemania es vista en el mundo entero como un ejemplo de éxito y un modelo a seguir para las demás naciones. Una infraestructura envidiable, una población educada, una fuerza laboral preparada y, por sobre todas las cosas, un complejo industrial basado en la innovación y la tecnología de punta que le valieron el título de “primer exportador mundial”, por encima de las dos superpotencias, Estados Unidos y China. Sin embargo, no todos son elogios para el gigante del viejo continente. Periodistas y economistas de Francia y Alemania se reunieron en la ciudad de París para desmenuzar el modelo germano y romper con algunos mitos que pretenden imponer a la primera economía europea como el modelo incuestionable de eficiencia y prosperidad.

¿Aquí es dónde se realiza la charla para criticar el modelo alemán? Me pregunta un hombre con un francés impregnado de un fuerte acento teutón mientras se presta a ingresar al anfiteatro Bruxelles del prestigioso Centre International Fiap Jean-Monnet de la capital francesa. Un ansioso público proveniente de ambos lados del Rhin se acomoda suave y silenciosamente en las pequeñas pero confortables butacas del complejo. Luego de largos minutos de espera y pasada la hora prevista, un representante de la asociación organizadora Les Economistes Atterrés [1] abre la charla dejando caer suavemente el primer elogio a la cultura alemana, a saber, la puntualidad. “Bueno, empezamos mal, porque vamos a hablar sobre Alemania, y allá es costumbre empezar los eventos a la hora estipulada” [risas]. Luego de esta caricia a los vecinos germanos, todo listo para abrir el debate. ¿El objetivo ? Desmitificar el modelo alemán.

MITO 1 : Las reformas de Gerhard Schröder [2] permiten a Alemania liderar hoy el crecimiento económico y el empleo en Europa

El progreso, implica tomar en los momentos difíciles decisiones valientes para preservar el empleo anticipando los cambios industriales. Es eso lo que ha hecho Gerhard Schröder aquí en Alemania, lo que permite a su país estar por delante de los demás” aseguraba François Hollande el año pasado en la ciudad teutona de Leipzig [3]. Políticos, economistas, periodistas. Libros, artículos, programas de debate. La gran mayoría de los gurúes más reconocidos del JetSet mediático francés consideran que si Alemania goza de mejores índices que el país galo es porque Berlín tuvo el “coraje” de hacer hace diez años lo que París comienza a hacer recién ahora.

Sin embargo, no todos los entendidos en política económica adhieren al pensamiento hegemónico que sugiere que este líder socialista representa la amalgama perfecta entre las ideas capitalistas del libre mercado y la conciencia redistributiva propia de la izquierda tradicional europea. En esa línea de ruptura se encuentra unos de los invitados a nuestro debate, Guillaume Duval [4], quién asegura que el éxito económico alemán no se produce gracias a las reformas de Schröder sino “a pesar de ellas”. “Las reformas de Schröder han debilitado los puntos fuertes históricos de Alemania, aumentando la pobreza y la desigualdad” asegura Duval y critica que cuando el líder socialista tomó las riendas del poder en 1998 Alemania poseía mejores indices sociales que el país galo, mientras que al abandonar la Bundeskanzleramt (sede central del gobierno alemán) en 2005, la relación se había invertido .

Dicha aseveración, poco escuchada en los medios dominantes franceses y europeos, pone en jaque la imagen del mundialmente prestigioso socialismo germano. Efectivamente, la historia nos enseña que el país de Karl Marx poco y nada debe su éxito a las ideas propagadas por este gran pensador, pues, desde Bismarck hasta Schröder la izquierda nunca había gobernado por sí sola la primera potencia europea. En otras palabras, la Républica Federal Alemana fue a lo largo de toda su historia moderna administrada por gobiernos económicamente conservadores y políticamente de derecha (y ultraderecha, como todos sabemos). Hasta que llegó al poder el abogado de religion protestante, Gerhard Schröder. “Alemania es un país históricamente conservador que tenía menos pobreza y menos desigualdad que Francia, alcanzaron siete años de gobierno socialista para que ahora haya más, es por eso que los grandes patrones de Francia y Europa admiran tanto al señor Schröder” insistió Duval. Y así es que, en la actualidad 16% de los alemanes son considerados pobres mientras solamente 14% de los franceses se encuentran bajo la línea oficial de pobreza [5]. Lo cual nos lleva al segundo mito.


MITO 2 : Alemania un país socialdemocrata a la escandinava

El pensamiento dominante (o al menos de los medios dominantes) en el viejo continente consiste en defender la tésis que asegura que las reformas en el mercado laboral, puestas en práctica por el entonces canciller Gerhard Schröder, permiten a la potencia teutona gozar de una salud económica envidiable para cualquier país europeo. Así, el número de trabajadores desocupados se ha transformado en obsesión fetichista para los defensores del modelo germano. Según cifras arrojadas por la Oficina europea de estadísticas, Eurostat [6], Alemania cuenta con la segunda tasa de desempleo más baja de la región (5,1%), mientras la zona euro sufre un preocupante 12% de desocupación. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, y no todo el que trabaja en Alemania llega cómodo a fin de mes. El gran desafío de Berlín es sin dudas la lucha contra la precariedad laboral. El fenómeno de los “trabajadores pobres” no es nuevo en la primera economía europea. Esto responde al hecho de que, a diferencia del país galo [7], Alemania no posee ley de salario mínimo. En este contexto, un empleado alemán, aún registrado, puede cobrar dos y hasta tres veces menos que su par del otro lado del Rhin. No obstante, a esta característica histórica del modelo teutón se sumo una serie de medidas de reciente aplicación, las cuáles profundizaron aún más la precariedad de los trabajadores.

Sobre tal cuestión, otro de nuestros invitados, el periodista galo Bruno Odent [8] asegura que en Francia la clase dirigente está “obsesionada” con la idea de la disminución del costo laboral. “Para todo el mundo, la competitividad pasa únicamente por la disminución del costo de los salarios” criticó y lamentó que en la discusión política y mediática se deje de lado la cuestión de los costos financieros dentro del actual sistema económico.  “[En Europa] el costo del capital ha explotado en estos últimos años, incluyendo Alemania, que ha perdido a partir del 2003 esa excelente relación entre industria y sistema bancario que la permitió mantenerse como país industrializado hasta el día de hoy“. Efectivamente, es esta obsesión por el costo del trabajo lo que impulso a Berlín a implementar una serie de medidas de flexibilización laboral. Las mismas, provocaron una explosión de los llamados “mini-jobs”, esto es un eufemismo para “trabajos mal pagados”. Los mini-empleos ofrecen salarios que rondan los 400 euros, es decir, un cuarto del sueldo mínimo francés y menos de lo que cuesta el alquiler mensual de un monoambiente en el centro de Berlín. Según la oficina de empleo de Alemania en septiembre del 2010 uno de cada cinco trabajadores tenía esta clase de empleo, lo que llevó al diario británico The Guardian a asegurar que “los mini-jobs no funcionan en Alemania y no funcionarán en el Reino Unido” [9]

Reforma del sistema de seguridad social, sobre todo la cuestión ligada al sistema jubilatorio (como el aumento de la edad jubilatoria de 65 a 67 años y la privatización del sistema de pensiones) ; desregulación del mercado laboral ; aumento de los impuestos al consumo y disminución de impuestos a las grandes fortunas. Para los críticos del sistema germano Alemania es hoy el paraíso de la liberación económica. O al menos es lo que piensa nuestro invitado, el economista germano Peter Wahl [10], quién critica duramente las decisiones de Berlín, puesto que “por un lado hubo un aumento de los impuestos indirectos, es decir, el impuesto al consumo, el cual pasó en 2006 de 16% al 19% actual”, sabido es que este tipo de impuestos son regresivos, es decir que afectan mucho más a los pobres que a los ricos, “y por el otro lado, hubo una reducción considerable en los impuestos para las empresas, los mismos líderes empresariales se mostraron sorprendidos por haber recibido ‘tal regalo’, esto ha mejorado las condiciones alemanas en la competencia internacional” reconoció Wahl no sin lamentar una tasa de pobreza “inaceptable” para un país en el centro de Europa en pleno siglo veintiuno.

MITO 3 : exportaciones, el punto fuerte de Alemania

Si las condiciones sociales se han deteriorado en la última década en la primera economía del viejo continente, su poderosa industria ha dado muestras de una capacidad increíble de resiliencia. Sin dudas, la carta más fuerte del modelo alemán es su impresionante performance en el comercio internacional, dicho en otras palabras : su capacidad exportadora. A pesar de ser una economía de menor tamaño (debido más que nada a su menor población) Alemania ostenta el título de “primer exportador mundial”, por encima de Estados Unidos y China. Este logro, frente a las dos primeras economías mundiales, posee mayor mérito aún si consideramos que el valor del Euro es extremadamente alto lo que, según las leyes más básicas del mercado, perjudica la venta a terceros países. ¿A qué se debe tal éxito? La respuesta se resume en una expresión explotada al máximo en una publicidad de la empresa automotriz OPEL, a saber, la “calidad Alemana”.

Frente al nuevo Opel Corsa, un caballero rubio y alto toma la palabra y explica las ventajas del nuevo modelo [11]. Lo llamativo de esta propaganda, que se encuentra actualmente al aire en la television francesa, es que la misma se desarrolla integramente en alemán (con subtítulos en francés). Es así que nuestro mannequin germano se jacta de la deutsche Qualität al mismo tiempo que el orgullo del televidente galo es herido hasta sus más íntimas fibras. El impacto de la estrategia de marketing de esta empresa teutona en plena tierra automotriz llevó al diario capitalino francés Le Parisien a replicar mediante un artículo reivindicando la industria automotriz gala, en un intento por poner en alto la french-touch. No se trata de chauvinisme sino de liberar a los franceses de sus complejos” aseguraba el matutino bajo el título “Deutsche Qualität: ¿tenemos realmente algo que envidiar a los alemanes?“.[12]

Envidia o no envidia, los números no mienten. En 2012 Alemania [13] exportó más del doble que sus vecinos galos [14], demostrando una vez más que la industria teutona no ha perdido fuerza ante los contínuos azotes de la crisis internacional. Sólo este dato alcanza para que muchos aseguren que Alemania es el nec plus ultra de los modelos occidentales de desarrollo y el ejemplo más claro de la eficiencia tecnológica. Sin embargo, lejos del discurso triunfalista de los defensores del Deutsches Modell, Peter Wahl, asegura que esta “orientación excesiva” de la industria alemana hacia las exportaciones podría llevar a la ruina al modelo europeo. ¿La palabra clave? Desequilibrio. “Un excedente de un lado implica un déficit del otro lado“, resume el economista germano y asegura que en la Union Europea este desequilibrio ha sido una de las razones mayores de la explosión de las crisis en los países mediterráneos de Europa, porque “los alemanes exportan como locos, mientras el resto compra. Y para comprar, hay que endeudarse. Este desequilibrio es una de la razones fundamentales y estructurales del endeudamiento y la crisis en el sur europeo“.

No se puede ser feliz en un mundo infeliz” sentenció el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel en los albores del siglo diecinueve. En la misma línea de pensamiento, la tésis de su coterráneo Peter Wahl podría resumirse así : Alemania no puede ser feliz en una Europa en crisis. Una Europa empobrecida afectaría tarde o temprano al gigante alemán. Meses atrás, del otro lado del Atlántico, el mismo Congreso americano se hizo eco de la situación y criticó a la primera economía del viejo continente. Así, en su reporte semestral sobre política económica internacional, Washington aseguró que la performance exportadora de Alemania ha desestabilizado a Europa y golpeado enormemente la economía global [15]. Sin embargo, dada la estructura del modelo social e industrial alemán, pocas son las probabilidades de que se den las condiciones necesarias para un cambio de dirección. “Por las caracteristicas de la industria alemana, es imposible que se pueda vender todo estos productos en el mercado interno, hay un límite en la capacidad de absorción, entonces para que la máquina [de producción] continúe hay exportar, sea cual sea la consequencia“, sentenció Wahl. Exportaciones ¿el punto fuerte de Alemania? Tal vez. Pero también el punto débil de Europa, y un gran problema a resolver para llevar a buen puerto la construcción de un modelo europeo del que Berlín pretende erigirse como líder y guía.

LAS LUCES DEL PARADIGMA ALEMAN

Más allá de las críticas, arriba expuestas, que intentan desmitificar el modelo alemán en cuánto política diseñada y ejecutada por Berlín, resulta imperioso destacar los puntos fuertes que con el correr de los años la cultura alemana supo desarrollar y poner al servicio del progreso económico y social, y así erigirse como la primera economía regional.

Una descentralización eficaz. Históricamente, la potencia del viejo continente goza de una descentralización política, cultural, económica y sobre todo, industrial. A diferencia de sus hermanos galos, los herederos de Bismark supieron construir un modelo dónde la idea de federalismo se impone en cada uno de los aspectos de la vida. “Este país posee una historia muy larga de descentralización, no solamente en el aspecto institucional, sino en cuanto al capital humano que tiene a lo largo de todo su territorio y que es capaz de producir todo en cualquier región“, recalcó Odent.

Una política empresarial exitosa. Lo que ha salvado al mercado de trabajo durante la crisis fueron los elementos del modelo alemán tradicional que han sobrevivido a la campaña neoliberal de los últimos años” asegura Peter Wahl poniendo especial atención en la interacción eficiente existente en ese país entre la patronal y los sindicatos. A diferencia de la República Francesa, dónde los representantes de los trabajadores chocan frecuentemente en las mesas de negociación con sus empleadores, en Alemania el diálogo entre las partes se construye de manera sorprendentemente armoniosa. Así las cosas, medidas como la flexibilización del tiempo de trabajo y el “desempleo parcial” negociado a nivel local y regional en el seno de los comités empresariales han estabilizado la tasa de desempleo durante la crisis internacional iniciada en 2008, mientras del otro lado del Rhin el porcentaje de obreros sin trabajo se cuenta con dos dígitos.

Una especialización adecuada. Como ya lo hemos dicho anteriormente la tecnología alemana goza de un prestigio reconocido en el mundo entero. Tras décadas de desarrollo industrial, el gigante europeo supo imponerse como el proveedor ineludible de tecnología de primer nivel. Sobre tal cuestión Duval pone en valor la particularidad de la industria teutona. “Alemania fabrica cosas muy codiciadas desde la explosión de la demanda de los países emergentes, particularmente China. Se trata de maquinaria. La verdadera especialización de Alemania es todo los relacionado a maquinaria y equipamiento“. De acuerdo a los números vertidos por el especialista galo, mientras Alemania representa 18% del empleo en Europa, posee 33% del empleo ligado a la maquinaria y equipamiento eléctrico; por su parte, Francia, posee el 12% de los trabajadores del continente y solamente 8% de los puestos de trabajo en el sector de maquinaria y equipamiento. “¡Cuatro veces menos que Alemania!“, exclama Duval, “así que cuando las fábricas crecen como hongos en China, India o Brasil, son máquinas alemanas las que se instalan, y no francesas“.

Luego del sector de maquinaria y equipamiento eléctrico, el otro gran rubro de la industria que mantiene a flote la economía germana es la automotriz. La especialidad alemana en este ámbito consiste en la capacidad de fabricar automóviles de gran tamaño los cuales, a pesar de su gran costo de producción (que se traduce en su costo final) logran ser exportados al mundo entero amparados por el gran prestigio que supieron construir durante décadas sus exitosas empresas. “Ellos non venden más automóviles porque sus empleados cuestan menos que los nuestros, en el sector automotriz un asalariado alemán gana 20% más que uno francés… pero cuando una empresa rusa o china, o una rama del gobierno, compra vehículos para sus empleados, son BMW, Audi, y Mercedes-Benz lo que compran y no Renault o Citroën” se lamenta Duval.

Entonces ¿Es Alemania un modelo a seguir para el resto de las economías europeas?

El economista germano Peter Wahl cree que no, “hay que desconfiar un poco de este ‘modelismo’, de esta tendencia a replicar un modelo de otro país… no quiero decir que no haya cosas en otros países que pueda resultar interesantes, pero la pregunta que hay que hacerse es : ¿es eso transferible, podemos copiarlo?, por eso desconfío de esa clase de debates que son puramente ideológicos y manipuladores“. Sin embargo los patrones de Europa, opinan ciertamente lo contrario. El presidente del Banco central Europeo, el italiano Mario Draghi, saludó las reformas del mercado laboral emprendidas por Berlín en la última década y aseguró que gracias a estas “valientes” modificaciones estructurales tomadas “este país sigue siendo un ejemplo para el resto de los países de la eurozona” [16].

Así las cosas, nuestro periodista de l’Humanité Bruno Odent, fue más lejos aún en sus críticas al “modelismo” mencionado por Wahl y remarcó que detrás de las ideas mercado-hegemónicas del modelo alemán reside una visión político-económica que pone en peligro los mismísimos valores democráticos del proyecto europeo. Al respecto recordó que en 2011, en plena crisis griega, Angela Merkel cuestionada sobre el remplazo del entonces primer ministro griego Yorgos Papandreu por un “gobierno técnico” impuesto por Bruselas, ésta respondió con un discurso impecable sobre la democracia para luego cerrar con la hoy celebre frase “la democracia debe ir conforme al mercado“. “¡Ningún político en Francia se atrevería a decir semejante cosa!” exclamó Odent.

La “marktkonformer Demokratie”[17] provocó largas y acaloradas discusiones en la arena mediática y política germana. El mismísimo filósofo teutón Jürgen Habermas, un gran defensor del proyecto europeo, criticó firmemente la política actual de la clase dirigente, calificando las derivas actuales de la política de Bruselas como “un silencioso golpe de estado” [18] y acusó al presidente francés Nicolas Sarkozy y a la canciller de Alemania Angela Merkel de sentar las bases para el establecimiento en Europa de lo que él bautizó como una “era post-democrática”. “Merkel y Sarkozy parecen haber impuesto una suerte de compromiso entre el liberalismo económico Alemán y el estatismo francés [...] gobernado por el Concejo Europeo. Ese sistema haría posible transferir los imperativos del mercado a los presupuestos nacionales sin una verdadera legitimación democrática” [19]

En la misma línea de pensamiento Odent considera que “la democracia misma esta en peligro a partir de la adopción por parte de todos los estados europeos, del modelo alemán” al mismo tiempo que destacó que este proceso de europeización forzada de los gobiernos del viejo continente provoca como respuesta en el seno de la sociedad, el resurgimiento de los populismos y el crecimiento de las ideas de extrema derecha. “El aumento del sufrimiento de la población, sumado a un debilitamiento del proceso democrático van de la mano con el crecimiento del populismo, lo vemos en Francia con el fortalecimiento del Front National, pero también en el resto de Europa” se lamentó. Efectivamente, este partido de ultraderecha francés lidera todas las encuestas sobre intención de voto para las elecciones europeas a celebrarse en mayo próximo [20].

Dios ha muerto” aseguraba un desafiante Friedrich Nietzsche a finales del siglo diecinueve. Si el filósofo alemán se oponía fuertemente a la sumisión dogmática y doctrinal ejercida por el Cristianismo, al que acusara de “monotoneísmo”, fuertes son las probabilidades que nuestro libre pensador estaría hoy en primera fila para protestar contra la nueva religión de la era moderna, elfree-market. Si corre al menos una gota de sangre nietzscheniana en las venas de los germanos que pululan hoy por el viejo continente tal vez podamos ver en los próximos años el nacimiento de espíritus libres e independientes, una suerte de super-hombres, o super-políticos, capaces de desafiar al más grande de todos los dioses en estos tiempos que corren, el Dios Mercado.-

Leonardo Plasencia
Master en Información y Comunicación de la Sorbona de Paris

[1] En español, Los Economistas Aterrados, es una conocida asociación francesa formada por prestigiosos especialistas e investigadores del mundo profesional y académico galo que promueven el debate público en miras de una concientización ciudadana sobre la necesidad de modificar el paradigma actual (basado en la ortodoxia liberal) de la política económica en Francia y Europa. “Nosotros pensamos que otras políticas económicas son posibles. Venga a debatir con nosotros” reza su página de internet, www.atterres.org
[2] Canciller Federal de Alemania (1998-2005).
[3] 23 de mayo de 2013, discurso en ocasión de la celebración por los 150 años del Partido Social-Demócrata Alemán (SPD, Sozialdemokratische Partei Deutschlands), liderado por Gerhard Schröder.
[4] Jefe de redacción del mensuario Alternatives Economiques y autor del libro “Made in Germany : Le modèle Allemand au-delà des mythes, Seuil, 2013. (Made in Germany : El modelo alemán más allà de los mitos”).
[5] “L’allemagne compte plus de pauvres que la France” (Alemania tiene más pobres que Francia), 27 de marzo de 2013, L’Express.
[6] “Zone euro: le taux de chômage stable en décembre à 12%”, Le Parisien, 31 de enero del 2014.
[7] El Salario Mínimo Interprofesional de Crecimiento (Smic) de Francia, establece un piso de 9,53 Euros la hora, o sea 1445 Euros mensuales (por 35 horas semanales de trabajo)
[8] Jefe del servicio internacional del diario francés de izquierda L’Humanité y autor de “Le modèle allemand une imposture” (El modelo alemán una impostura) y “L’Europe en danger” (Europa en peligro). 2013
[9] “‘Mini-jobs’ don’t work in Germany, and they won’t work in Britain”, 21 de agosto de 2012. The Guardian.
[10] Presidente de la ONG Weed (Economia mundial, ecología y desarrollo) y autor del libro “Welche Zukunft für Europa? (Qué futuro para Europa)
[11] Publicidad del Opel Corsa en la televisión francesa http://www.youtube.com/watch?v=26FgHKKpTqE
[12] “Deutsche Qualität : a-t-on vraiment quelque chose à envier aux Allemands ?”, Le Parisien.
[13] Exportaciones alemanas en 2012, 1096 billones de euros. Superávit comercial de 190 billones de euros.
[14] Exportaciones francesas en 2012, 441.657 billones de euros. Déficit comercial de 67.158 billones de euros
[15] “US says German export dependence hurts global economy”, CNBC, 30 de octubre del 2013.http://www.cnbc.com/id/101157415
[16] Draghi : “La France doit poursuivre les réformes”, 15 de diciembre del 2013, Le Journal du Dimanche,
[17] “Kapitalismus braucht keine Demokratie”. 12 de enero del 2012. Süddeutsche Zeitung.
[18] ” Habermas, the Last European: A Philosopher’s Mission to Save the EU”. 25 de Noviembre del 2011. Der Spiegel.
[19] Parte de un extracto del libro de Jürgen Habermas, La crisis de la Union Europea, publicado el 10 de noviembre del 2011 por The Guardian bajo el título de “Europe’s post-democratic era”.
[20] “Elections européennes : les listes du FN en tête selon un sondage”. 26 de enero del 2014. Le Monde.

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