Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

20 ene. 2014

La Pirámide de Yonaguni

En las aguas que rodean la isla de Yonaguni, en el archipiélago de Ryukyu, a 480 kilómetros al sudoeste de Okinawa y a 150 kilómetros al este de Taiwán, yace una estructura sumergida con la apariencia de una plataforma o estructura parcial de pirámide escalonada. Para algunos investigadores, estas ruinas son el edificio más antiguo del mundo, un territorio perdido de la historia de la humanidad. La pequeña isla mide unos diez kilómetros de largo por tres de ancho.


En 1987, el profesor de buceo Kihachiro Aratake se dispuso a buscar el modo de atraer más buzos a la isla. Buscaba las zonas de reproducción de los peces martillo. Pero en lugar de eso, descubrió algo único, más espectacular de lo que él mismo podía imaginar: unos megalitos de piedra que parecían restos de un antiguo templo. Un montón de piedras que forman una estructura que recuerda a las pirámides de Egipto. Una formación asimétrica creada por gigantescos peldaños de piedra cuyo tamaño varía desde menos de medio metro a varios metros de altura.

El conjunto submarino fue explorado por primera vez, por el Departamento de Ciencias Físicas y Terrestres de la Universidad de Ryukyu, en 1992. A través de un mapa cartográfico del monumento, pudieron apreciar  que la estructura principal mide más de ciento cincuenta metros de longitud y presenta características que no se pueden explicar sin la intervención del hombre. Las fotos de los yacimientos impresionaron a Graham Hancock. Con gran admiración narraba sus primeras sensaciones a Canal Historia en 1997:

Mi primera impresión, cuando vi la estructura principal de Yonaguni fue de asombro. Ver lo que parece consecuencia del diseño y la organización en una inmensa estructura submarina de piedra, los bordes de las piedras definidos casi en ángulo recto, como formando una escalera, me hizo sentir una gran emoción, como un misterio. Sólo se puede comparar a lo que se siente al entrar en una gran catedral o en la Gran Pirámide de Egipto. Creo sinceramente que se trata de una gran área ceremonial religiosa.

El hecho de que el monumento se halle sumergido en el mar presenta un problema extraordinariamente complejo. Si todas esas estructuras fueron creadas por el hombre, debieron de ser levantadas cuando el terreno estaba por encima del nivel de las aguas, es decir, en la época glaciar, cuando los niveles del mar eran mucho más bajos debido a que la mayor parte del agua se encontraba congelada en el hemisferio norte. Para que estos hechos sean ciertos, hay que remontarse al año 10000 a. C. Sin embargo, y como ocurre con todos los otros temas tratados, tal afirmación va en contra de la cronología actual oficialmente aceptada por la arqueología.

Las condiciones para la existencia de lo que llamamos civilización compleja, comenzaron a darse en Mesopotamia y Egipto hacia el tercer milenio a. C. aunque en Jericó (Palestina) existía hace 10000 años una ciudad con murallas de piedra, considerada la primera ciudad de la humanidad. Según John Anthony West, en nuestro planeta hay amplias evidencias que durante las glaciaciones pudo existir una civilización avanzada. Una civilización descrita en las historias orales de otras culturas durante milenios.



En el año 360 a. C., el filósofo griego Platón describió lo que por primera vez hasta entonces no era más que un mito oral en Occidente: la leyenda de la Atlántida, una civilización muy avanzada tecnológicamente que había florecido hacia el décimo milenio a. C. Pero esa visión no es exclusiva de Platón, en todos los continentes existen leyendas similares a ésta. En Asia y el pacífico Sur hay numerosos textos antiguos que cuentan una historia asombrosamente similar. Los escritos chinos más antiguos describen un lugar llamado Peng Jia, una isla situada al este y habitada por seres humanos capaces de volar y que poseían una poción que les daba la vida eterna. Un antiguo cántico hawaiano narra la llegada de una raza mágica, venida de una isla flotante situada en el oeste y llamada Mu. Son numerosas las leyendas de una civilización prehistórica en el Pacífico. Además, los japoneses llamaban a sus emperadores prehistóricos Jim - Mu, Tim - Mu, Kam - Mu, etc., lo que quizá significa que sus ancestros fueran supervivientes de esta civilización.

Sin prestar atención al nombre dado, todos esos lugares legendarios tienen algo en común: que la gran civilización de la que hablan fue destruida por una gran inundación. Hancock cuenta que durante el deshielo hubo tres grandes inundaciones. En una ocasión el nivel del mar subió hasta treinta metros. Tras las inundaciones hubo supervivientes que emigraron y extendieron su leyenda y los conocimientos de su civilización por todo el mundo. West cree que el hecho de que las grandes civilizaciones, que nacieron hace más de siete mil años, construyeran estructuras similares no es una coincidencia. Una especie de semejanza universal de diseños que se repite en emplazamientos distintos y alejados: pirámides de Egipto, templo de Angkor en Camboya, Templo del Sol en Perú, etc.

Pero no sólo todas estas estructuras tienen una forma arquitectónica parecida, sino que muchas de ellas poseían una función similar. Es un hecho que muchas de las estructuras megalíticas antiguas, ya sean en Stonehenge en Inglaterra o los templos megalíticos en Malta, no sólo constan de grandes rocas cortadas y talladas por el ser humano, sino que están organizadas y orientadas según una relación astronómica o solar. Cuando Yonaguni debió de estar sobre tierra firme, se encontraba exactamente en lo que era entonces el Trópico de Cáncer. Cerca del monumento hay una piedra a la que los científicos llaman la Piedra del Sol que podría haber sido usada como reloj o con algún propósito religioso, con una orientación en sentido norte-sur. Hancock sostiene que la arqueología es una ciencia muy limitada, ya que centra su atención exclusivamente en las cosas halladas en la superficie de la Tierra. Según él, se deberían estudiar las áreas donde pudieron vivir seres humanos antes de la gran inundación.

En septiembre de 1997, Robert Schoch con Kihachiro Aratake, John Anthony West y Graham Hancock, se propusieron investigar las ruinas de Yonaguni. El equipo realizó una serie de filmaciones de estas estructuras, una de las cuales mostraba una enorme formación piramidal de 80 metros. Algunas estructuras tenían 25 metros de alto, y ángulos rectos perfectos formando escaleras enclavadas en la roca. Otras se encontraban a sólo 10 metros de la superficie de las aguas. Descubrieron que, a cada lado de una especie de pasillo se veían dos filas de megalitos, unos encima de los otros, y los bloques horizontales tenían la misma forma que los de Stonehenge. Al salir del pasillo divisaron dos megalitos asombrosamente regulares, que la naturaleza difícilmente podría haber colocado.



Para los partidarios de que las estructuras de Yonaguni están realizadas por la mano del hombre hay más indicios, como poco, asombrosos. Por ejemplo, en la terraza superior del monumento hay formas que parecen haber sido esculpidas; la combinación de estos diseños distintos en una misma zona podrían significar una prueba de la poca probabilidad de que hayan sido formadas naturalmente. A pesar de todo esto, Schoch afirma que hay ciertas marcas que podrían ser artificiales y que no se puede excluir la hipótesis de que el hombre le diera alguna utilidad, aunque originalmente fuera una estructura natural.

En julio del año 2000, un equipo de filmación de Canal Historia se sumergió en Yonaguni para ver las ruinas de cerca. Los buzos vieron una gran estructura plana con dos lados elevados: el denominado Escenario, que puede que fuera un altar, un escenario o un trono. Aseguraron que junto al Escenario había un rostro muy similar a las antiguas representaciones de América Central, sobre todo parecido a algunas esculturas mayas.

En uno de los cementerios más antiguos de la isla, situado en una colina, las tumbas excavadas en la roca no fechadas muestran una semejanza estilística con los monumentos submarinos que yacen a un kilómetro de la cosa de Yonaguni. Esto da a pensar que la civilización que construyó y habilitó las ruinas por entonces en tierra firme, bien podrían ser las mismas que construyeron un cementerio en, lo que para ellos fue entonces, sobre una montaña.

BIBLIOGRAFÍA
- Christian Jacq. Guía del Antiguo Egipto. Editorial Planeta, S. A. 2003.
- Christian Jacq. Nefertiti y Akenaton. Editorial Martinez Roca 1997.
- Graham Hancock. Las huellas de los dioses. Ediciones B, S. A.
- Javier Sierra. La ruta prohibida y otros enigmas de la historia. Editorial Planeta, S. A. 2007.
- Javier Sierra. En busca de la edad de oro. Plaza & Janes Editores 2006.
- Juan Jesús Vallejo. Breve historia del Antiguo Egipto. Nowtilus 2005.

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