Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

13 ene. 2014

John F. Kennedy versus Jango y el silencio cómplice de Washington

El gobierno de EEUU no ha desmentido hasta ahora, y ni siquiera comentado, la información difundida por el periodista brasileño Elio Gaspari, en su columna del periódico Folha de São Paulo, y divulgada por los medios de difusión locales, según la cual, el presidente John F. Kennedy habría estudiado la posibilidad de una intervención armada en Brasil en 1963-1964, para derrocar al presidente Joao Goulart.

En el artículo titulado Kennedy y el derrocamiento de Jango, Elio Gaspari revela los hechos siguientes: “El 7 de octubre de 1963, o sea, cuarenta y seis días antes de su asesinato, John Kennedy encabezó una prolongada reunión en la Casa Blanca y, en cierto momento preguntó a su embajador en Brasil Lincoln Gordon: '¿Considera usted que la situación se desarrolla como debería desarrollarse, estima conveniente que llevemos a cabo una intervención armada?'. Gordon Lincoln respondió que tal libreto había sido ya debatido y que su realización fue declarada irreal. Un año antes, el presidente Kennedy había incluido en su baraja el naipe del golpe castrense con el objeto de derrocar a Joao Goulart. El vínculo entre Kennedy y los planes del golpe de Estado ha sido confirmado por hechos, pero con el tiempo debió parecer más fácil achacar la responsabilidad por ello al odiado sucesor de Lyndon Johnson”.

Lincoln Gordon fue embajador de EEUU en Brasil desde 1961 a 1966. Antes de asumir el cargo, Gordon participó en la elaboración del plan de la “Alianza para el Progreso”, cuyo objetivo central era evitar que los países de América Central y del Sur siguieran el ejemplo de la Cuba revolucionaria.

 La revista Time afirmaba en 1961 que Lincoln Gordon fue el mayor especialista en materia de economía latinoamericana y que John F. Kennedy consultaba con él al respecto. Los biógrafos de Gordon prestan atención especial a su papel en los asuntos de Brasil. Se asevera que durante la permanencia en el cargo participó activamente en las maquinaciones que condujeron al derrocamiento del presidente Joao Goulart, quien gozaba de las simpatías de los brasileños de a pie, que lo apodaban Jango, y permitieron a los militares encabezados por el mariscal Castello Branco que se hiciera del poder el 31 de marzo de 1964.

Los biógrafos afirman también que el 30 de julio de 1962, John Kennedy y Lincoln Gordon debatieron en el Salón Oval de la Casa Blanca la posibilidad de la intromisión en el proceso de elecciones en Brasil. EEUU asignó con tal objeto ocho millones de dólares, una suma nada pequeña para esos tiempos, lo que a fin de cuentas contribuyó al estallido de una situación que obstaculizó el ejercicio de sus facultades al gobierno de Joao Goulart y la penetración de la ideología izquierdista en los organismos federales del poder.

A juicio del historiador James Green, el 27 de marzo de 1964, Lincoln Gordon dio "luz verde" a los militares que decidieron arrebatar el poder en Brasil, y garantizó que el nuevo gobierno iba a ser reconocido de inmediato por EEUU. James Green asevera además que Lincoln Gordon estimaba que EEUU debía realizar suministros secretos de armas y de combustible a Brasil y estimular las actividades de la CIA en el país. 

Lincoln Gordon, a fin de convencer de su certeza al gobierno y a círculos militares de EEUU, declaró que Joao Goulart había fraguado un complot con el Partido Comunista de Brasil y que, así las cosas, Gordon y sus asesores consideran que la mejor salida para EEUU consistía en respaldar las acciones de los uniformados en Brasil.

Lincoln Gordon, quien falleciera en 2009, no reconoció nunca el hecho de su participación en movimiento alguno que tuviera por objeto la injerencia en la vida política en Brasil, y en particular, el golpe castrense en 1964 y el derrocamiento de Joao Goulart. En 2006 ofreció una entrevista al programa Fantástico, de la televisión brasileña, en el que afirmó, sin pestañear siquiera, que la participación de EEUU en esos hechos se redujo a la nada. El exembajador reconoció sí que, en las elecciones de 1962, la CIA apoyó con dólares a los candidatos de la Unión Democrática Nacional, subrayando que aquella había sido una medida equivocada.


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