Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

14 ene. 2014

Hollande: sinq a sept

 Mireille Ampilhac
Lo que los presidentes hacen "de cinco a siete".Los franceses tienen un nombre para estos devaneos: el cinq a sept. El “de cinco a siete”, dos horas tras el trabajo que dan para visitar a la amante, o al amante, antes de volver a casa y seguir con la vida perfectamente ordenada. El concepto es casi una institución. Tanto que cuando la revista Paris Match publicó que Mitterrand tenía una hija con Anne Pingeot el presidente contestó: “Et alors?”. ¿Y qué?

Françoise Mitterrand, uno de los más carismáticos presidentes de Francia, era conocido por los franceses como “señor presidente”. Pero para su mujer era “François el seductor”. Prueba de ello es que a su entierro, en 1994, acudió su amante y la hija de ambos, que tenía ya 21 años. “Podía ser al mismo tiempo cínico o idealista, simulador o provocador, caluroso u ofensivo. Era fiel en la amistad e infiel en el amor, altanero con los grandes, atento con los pequeños. Era un soberano para quien importaba más que nada su libertad personal, un monarca que saboreaba el poder pero que no podía prescindir de las evasiones, un realista al que le gustaba soñar, un imaginativo que quería gobernar”, dice sobre Mitterrand el escritor Alain Duhamel, que tantas veces lo entrevistó.
                                                                   
No hace falta remontarse tan lejos. En el libro El desconocido del Elíseo, escrito por el periodista Pierre Péan, el ex presidente Jacques Chirac admite que le perdían las mujeres: "A algunas las he querido mucho, de forma tan discreta como fue posible. Está absolutamente claro que nunca he pensado en abandonar a mi mujer". A todo esto su esposa, Bernadette Chirac, añade: "Naturalmente, ha sido un mujeriego, ¿qué hombre político no lo es o no lo ha sido? Pero hay algo muy fuerte entre nosotros. Él era muy guapo... las mujeres han corrido mucho detrás de él. Tenía mucho encanto, un brío enorme. Las mujeres van tras el poder. Es así". Su esposa dijo al enviudar que lo sabía pero que no se sentía amenazada, pues confiaba en el amor de su marido. Ahora es distinto. O no.

Si en algo están en las antípodas Francia y EEUU es en cómo se toma el público los líos de faldas de sus presidentes. Pero se parecen en una cosa: en ambos casos las intimidades acaban divirtiendo a mucha gente dentro y fuera del país. Sin embargo el traspiés sentimental de François Hollande, jefe de Estado francés, ha perdido buena parte de su gracia en las últimas horas.
A algún ciudadano incluso se le ha helado la sonrisa. La pareja del presidente, Valerie Trierweiler, fue hospitalizada después del escándalo sobre las supuestas relaciones del jefe del Estado con otra mujer. Trierweiler ingresó en el hospital el viernes para someterse a una serie de revisiones médicas y reposar. Se espera que abandone el hospital en pocos días, pero la multitud que antes parecía divertida ahora se encuentra con un drama contado minuciosamente. Al minuto.

Aunque su cuadro médico sea aséptico, la fecha del mismo muestra coincidencias que dan para una novela. Precisamente el viernes pasado, el tabloide Closer publicó fotografías que evidencian la relación de François Hollande con la actriz Julie Gayet.

Tal vez los estadounidenses estén empezando a volverse un poco franceses (sólo un 39 % de los encuestados en 2007 admitía que estaría menos dispuesto a votar por un adúltero) y los galos se estén impregnando con la tradicional moralina de EEUU en este campo. En realidad Hollande tiene poco que enseñar a sus predecesores en cuanto a idas y venidas amorosas. Aunque es el primero que se enfrenta a esa desconfianza tan norteamericana: si miente a su esposa, ¿mentiría al país?

Todo se quebró, aunque ya había grietas, el jueves pasado por la noche, en el Palacio del Elíseo. Sin gritos ni portazos, según ha dicho un amigo de la familia a la prensa. Hollande reconoció que iba con un guardaespaldas en medio de la noche con asiduidad a la casa de su amiguita. Llevaban meses haciéndolo.


Es cierto que Valerie Trierweiler no está casada con François Hollande, pero en ocasiones lo ha acompañado como la primera dama de Francia. Tiene cinco personas a su cargo, pagadas con el dinero de todos los franceses. Los periódicos publican que ahora está dispuesta a perdonar. Pero ella ya no es la única en esta historia. El diputado Danielle Pasquelle lo ha resumido con crudeza: “Los franceses tienen derecho a saber quién es la primera dama”. Una pregunta complicada para estos días, en los que el 89 % de los ciudadanos de Francia preferirían otro divorcio sonado como el de los Sarkozy al enquistamiento de la situación actual. Al fin y al cabo, tres son "una multitud". Así lo dejó dicho Diana de Gales, otra víctima colateral de la erótica del poder.
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