Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

28 nov. 2013

Ucrania y la UE: Lo que no cuentan

La actual situación en Ucrania es el resultado de dos decenios de un intenso "lavado de cerebro". Por un lado, tras la desintegración de la URSS, en la ex república soviética fue criada una nueva generación de votantes que se creen a pie juntillos que la UE es una organización benéfica y los políticos europeos son magos capaces de convertir Ucrania en Provenza de un plumazo.

Por otro lado, creció la generación de los políticos europeos que se creen a pie juntillos que el honor de ser partícipe del "gran proyecto de una Europa Unida" merece todo sacrificio. Mientras las peticiones de apoyo económico las consideran casi una insolencia y sacrilegio. 

Emociones aparte, los políticos europeos mediante su reacción ante la decisión del presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, de suspender la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea quisieron transmitir el siguiente mensaje: "¡No se atrevan a contar dinero!" 

"Somos conscientes de la presión externa que está experimentando Ucrania pero creemos que las consideraciones a corto plazo no deben anteponerse a los beneficios a largo plazo que podría traer la asociación entre Ucrania y la UE", advierte un comunicado conjunto del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. El vicepresidente estadounidense, Joseph Biden, señaló en una conversación con el presidente del país eslavo que "EEUU tiene la firme convicción de que una estrecha integración con Europa ofrece a Ucrania una oportunidad estratégica para fortalecer su democracia y llevar su economía a la prosperidad". Es revelador que a los dirigentes ucranianos, acusados de mercantilismo, no les dejen de recordar los míticos “beneficios económicos” que supuestamente traerá la asociación con Europa, aunque nadie ofrece a Kiev inversiones para modernizar la economía nacional. 

Los políticos europeos están acostumbrados a actuar en un contexto de crecimiento económico apoyado en la estabilidad del sistema bancario. Tras la integración de los países de Europa del Este en la UE, los créditos de consumo, baratos y accesibles, desembolsados por los bancos europeos, paliaron temporalmente los efectos negativos de la desindustrialización y el derrumbe del sector real de la economía haciendo que los ciudadanos de Europa Oriental se sintieran beneficiados. Muy pronto la euforia provocada por los “avances económicos a causa de la cooperación con la UE” se disipó cediendo paso a una amarga decepción: la industria y la infraestructura están arruinadas mientras el sector de servicios que estimulaba la demanda de créditos ya no puede asegurar el creciminento. El “milagro económico” se acabó. 

Es curioso analizar la reacción de los usuarios de a pie en Rumanía ante la decisión de Ynukóvich. Una gran parte de los usuarios de las redes sociales envidia a los ucranianos y lamenta que en su país no hubiera habido políticos capaces de prever las consecuencias del acercamiento a la UE antes de iniciarlo. 

Iulian Fota, asesor del presidente de Rumanía en asuntos de seguridad nacional, declaró en la reciente entrevista a los medios locales que !Bruselas simplemente está desconectado de la realidad y se enfrenta a la propia incapacidad de pensar estratégicamente . El concepto de la Unión Europea está perdiendo cualquier sentido en Europa del Este”. A falta de inversiones desde Bruselas, sus «vasallos» más leales de Europa Oriental buscan financiación en otros lugares como China o Rusia. Sin embargo, los regímenes rusófobos de Polonia, Suecia o los países bálticos hacen todo para que Ucrania se quede al margen de este proceso ya generalizado en Europa. Mientras Kiev se resiste a ser arrastrada a bordo del Titánic europeo, los países qu ya han viajado en bodega, huyen del barco por las inversiones chinas y rusas. 

Los rusófobos europeos ya han sufrido una serie de derrotas geopolíticas: además de la "marcha atrás" de Ucrania, en las últimas semanas comenzó la construcción del tramo serbio del gasoducto South Stream y Turquía autorizó la construcción del mismo en su territorio. Pero la más dolorosa fue la cumbre China – Europa del Este celebrada en Bucarest. 

La intención de Pekín de hablar con los países del centro y este de Europa sin participación de Bruselas provocó furia en la UE. Para Karel de Gucht, comisario europeo de Comercio, la ofensiva inversora de China pretende crear divisiones en Europa. Al mismo tiempo la Comisión Europea redactó dos cartas circulares prohibiendo a los 15 estados miembros firmar acuerdos por separado con China. El resultado de la presión fue nulo. Los políticos de Europa del Este apostaron al crecimiento del intercambio económico y comercial entre sus países y China dejando claro a Bruselas que las conversaciones sobre valores europeos no pueden sustituir el dinero real. 

El día cundo los partidarios ucranianos de la integración en la Unión Europea se congregaban en el centro de Kiev, de la sala de reuniones del parlamento rumano sacaban las banderas de la Unión Europea para poner las de China en homenaje al primer ministro del gigante asiático que había traído proyectos reales de inversiones. En Europa Oriental se ha puesto de moda contar dinero, en este sentido Ucrania no es en absoluto una “oveja negra”. 

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