Hay un nuevo desarrollo en la historia humana que se está produciendo y que no se está contando.Aquí, intentamos explicarlo

5 ago. 2013

¿Dónde están los indignados de España?

Día a día se acrecienta más el escándalo por corrupción en España que implica a los principales dirigentes del gobernante Partido Popular (PP), incluido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Nuevos detalles de la investigación revelan a cuentagotas las millonarias infracciones financieras supuestamente cometidas por el extesorero de la agrupación política, Luis Bárcenas, y a través de las cuales se habrían beneficiado el actual jefe del ejecutivo y muchos de sus subordinados. 

El pasado jueves fue un día insólito para la política española. Obligado por la presión del resto de los partidos y de la opinión pública, Mariano Rajoy compareció en el Parlamento para referirse al escándalo de corrupción que lo envuelve. Eso sí, su comparecencia quedó en la superficie del asunto, solo reconoció haberse equivocado en el “exceso de confianza” otorgado a su hombre de cuentas y negó la posibilidad de dimitir ni convocar elecciones anticipadas. 


La gravedad de este asunto hace recordar el escándalo Watergate, que también en agosto, pero de 1974, provocó la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon. Un caso así supondría la renuncia del mandatario de cualquier otro país, sin embargo, en la España de los recortes sociales, de la gran deuda fiscal y de los veinte millones de parados, parece que el presidente del Gobierno se saldrá con la suya.

Es en este momento cuando muchos se preguntan dónde están los miles de integrantes del Movimiento 15M, también conocidos como Indignados, que salieron de forma masiva a las calles de la nación ibérica en el 2011, exigiendo una democracia participativa, la división de poderes y el cese de la supremacía de políticos y entidades bancarias, y que impulsaron la celebración de elecciones anticipadas por el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. 

En días anteriores, fueron apenas mil las personas que reclamaron la dimisión del Ejecutivo en la Puerta del Sol, en Madrid, y el acto fue convocado por el partido Izquierda Unida y organizaciones como Ecologistas en Acción, Asociación Libre de Abogados, Los Verdes y Justicia y Sociedad. 

Si bien el descontento social es innegable, pues encuestas recientes indican que la desaprobación popular con la gestión del ultraconservador PP alcanza niveles históricos, esta vez el pueblo español ha reaccionado con indiferencia y resignación. 

Según datos revelados  por el Centro de Investigaciones Sociológicas, la estimación de voto al PP actualmente es del 32,5 %, su peor resultado en la historia de este sondeo. Los socialistas logran un apoyo del 27,2 %, también por debajo de las últimas elecciones. Ambos partidos descienden con relación a la encuesta anterior, aunque el PP lo hace de forma más pronunciada. Esos datos, unidos a la pésima valoración de la clase política y de las instituciones del Estado, ponen al sistema gubernamental español en jaque mate. 

Y es que la opción ante un gobierno fallido del PP sería un nuevo mandato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), debido al régimen bipartidista establecido en el país luego del término del franquismo, y contra el cual también se manifestaron en su momento los Indignados. 

 De hecho, el partido opositor no presenta actualmente un proyecto sólido que pueda despertar pasión entre los españoles. Con un secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, carente del carisma necesario para ganarse la aceptación de las diferentes facciones internas, hay quinielas que apuntan a Carme Chacón o Eduardo Medina como futuros líderes del PSOE. 

Para Jaime Pastor, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid, el verdadero problema de España es que los escándalos de corrupción han creado un profundo estado de preocupación y han aumentado la inestabilidad política, cuando, irónicamente, se suponía que el gobierno sacara provecho de ser uno de los pocos en Europa con mayoría parlamentaria. 

Pablo Gallego y Fabio Gándara, participantes en las manifestaciones de los Indignados en mayo del 2011, expresaron este año, al cumplirse el segundo aniversario del movimiento, que la mayor victoria que se consiguió fue producir un cambio de conciencia en la ciudadanía que ha hecho que los españoles sean personas "más críticas y comprometidas". 

Para ellos, este es un movimiento que no pertenece a ningún grupo social, es "un espíritu, un caldo de cultivo", que busca una participación activa de la ciudadanía en la política para conseguir una mayor justicia económica y social. 

Pero si hace dos años España entera despertó ante las calamidades del sistema, hoy los ciudadanos parecen resignarse y llevar la procesión por dentro, lo cual indica el estado de cansancio, desesperanza y decepción que albergan hacia la clase política en general. 
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